Los caballeros de Cristo: Una tradición del medioevo español que se mantiene en Chita, Boyacá
- albaluzbonilla
- Feb 5, 2023
- 28 min read
Updated: 1 day ago
En el municipio de Chita (Boyacá), ubicado en las estribaciones occidentales de la Sierra Nevada de El Cocuy, Güicán y Chita, ocurre cada siete años un evento especial: La Fiesta del Señor de los Milagros y de La Virgen de la Candelaria, patrona del pueblo. Esta celebración, organizada por los caballeros de Cristo, se realiza el segundo domingo del mes de febrero, o el domingo anterior al miércoles de Ceniza, y mantiene una secuencia, según la tradición oral y algunos documentos, de 205 años desde 1818. Es dirigida por la familia descendiente de Cipriano (o Ciprián) Riscanevo, un indígena de la etnia lache a quien el Cristo Milagroso le dio luz para construir una toma de regadío.

El presente trabajo informa sobre el origen, organización, contexto histórico y trascendencia de esta festividad. Las fuentes primarias revisadas se localizaron en el Archivo Parroquial de Chita, Archivo Regional de Boyacá, Archivo General de la Nación de Colombia y Archivo Histórico Nacional de España. Como fuentes secundarias se emplearon las historias del municipio y de la parroquia de Chita, un trabajo sobre el resguardo indígena, artículos sobre el tema y de otras obras generales que permitieron la interpretación de los hechos. La tradición oral juega un papel importante, en la medida en que son varias las generaciones que han presenciado y participado de la festividad. La metodología se inscribe dentro de la Etnografía, los conceptos teóricos de Michell Vovelle, de la Historia de las mentalidades y de Fernand Braudel, de la Escuela de los Anales.
Ubicación Geográfica
DIVISIÓN POLÍTICO-ADMINISTRATIVA DEL MUNICIPIO DE CHITA. 2021

Mapa 1. Ordenamiento Territorial del Municipio de Chita 2021. En: Pérez Sanabria. ASIS, 2021, p. 16 . Wikipedia. Archivo Chita, Boyacá, Colombia.
Una Celebración que trasciende en el tiempo y permanece en la mentalidad de un pueblo
Abreviaturas
AHN: Archivo Histórico Nacional. (España)
AGN: Archivo General de la Nación. (Colombia)
APCH: Archivo Parroquial de Chita. (Boyacá Col.)
AHT: Archivo Histórico de Tunja. (Boyacá, Col.)
t. : tomo. l. : legajo. f. : folio. ff. : folios. r. : recto. v. : verso.


La celebración de los Caballeros de Cristo se inicia la víspera, con una gran procesión que parte de la capilla de la vereda de Chipa Centro (a unos cinco Km del área urbana), llevando la imagen del Señor de los Milagros de esta capilla. La imagen va en hombros de fieles devotos, precedida de un estandarte que lleva la familia del alférez o priosto y escoltada por 33 Caballeros de Cristo, quienes llevan sus banderas. A la procesión la acompañan el sacerdote, el tamborilero y un sin número de caballistas de la localidad. Al llegar al poblado, son recibidos con beneplácito por la comunidad local, visitantes, forasteros y hasta extranjeros; recorren las calles principales y cerca del mediodía termina la procesión en la Iglesia. A las cinco de la tarde hay una misa de novenario y a continuación, una procesión con El Señor de los Milagros acompañado por muchos fieles devotos.


El domingo se inicia la programación con una gran alborada a las cuatro de la mañana, cuando los caballeros, procedentes de la vereda de Chipa Centro, irrumpen en el poblado, lo recorren y se "toman la plaza" o lugar donde se van a realizar los juegos. Al centro ubican el pabellón pontificio y en las cuatro esquinas los pabellones de cada uno de las cuatro cuadrillas que los identifican. Guardan sus caballos y se van a preparar para las siguientes ceremonias.
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La iglesia está de gala y las imágenes de El Señor de los Milagros y de La Virgen de la Candelaria, patrona del pueblo, han sido arregladas con esmero y sus andas decoradas con hermosas flores. En la misa de Consagración de los Caballeros, a las 6 y 30 am, se presentan vestidos de un color especial, adornados, al igual que sus sombreros, con cintas, espejos y representaciones simbólicas.
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El Caballero Maestro, don Héctor Viracachá Fuentes, para la fiesta del 2023, lleva un traje negro con banda de color blanco y amarillo, y una bandera de los mismos colores con una mitra como símbolo. Los Caballeros de Chipa Alto y Chipa Centro visten de color blanco; los de Chipa Betel, de azul; los de Vichacuca, de rosado, y los de Dímiza, de rojo. Todos portan banderas del mismo color de sus vestidos, adornadas con estrellas y símbolos especiales, así: las blancas llevan una custodia; las azules, un cáliz y una hostia; las de color rosado, la media luna, y las de rojo, el sol.
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La misa mayor, celebrada a las 10 de la mañana, es la alabanza religiosa central de la festividad. Es una ceremonia muy solemne, presidida por el señor obispo de la Diócesis de Arauca o por un sacerdote delegado, acompañado de todos los sacerdotes de la parroquia, pues se celebra en honor a los patronos más venerados por la comunidad. Les ofrecen los mejores coros y ofrendas, y se cuenta con la presencia de las autoridades eclesiásticas y civiles, de las organizaciones locales y de muchísimos fieles. En el año 2023, monseñor Jaime Cristóbal Abril González, obispo de Arauca, delegó al presbítero Álvaro Hernández Cordero para acompañar la festividad.
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Terminada la misa, los Caballeros salen a traer sus monturas y hacen calle de honor para llevar al Señor de los Milagros y a la Virgen de la Candelaria en procesión hacia el lugar de la presentación de los juegos; van acompañados por los sacerdotes, al son de bellas interpretaciones religiosas de bandas musicales y de una comunidad católica muy grande.


Los juegos, en los siglos XIX y gran parte del XX, se realizaban en la plaza del poblado; desde la década de los 70, en la cancha de fútbol del Colegio José María Poitier y desde el 2002, aproximadamente, se presentan en el polideportivo del municipio.


Es una revista ecuestre de origen español, que muestra el ideal caballeresco de los cristianos hispánicos de la Edad Media; sus luchas durante ocho siglos (771-1492) contra los moros, donde también hubo mestizaje y sincretismo cultural. Además, señala el cumplimiento de la Cédula Real de Felipe II de 1572, que promovía la realización de juegos ecuestres para adiestrar a los hombres en caso de guerra; pero los indígenas de Chita y sus descendientes, le han agregado una particularidad especial, porque en lugar de armas y de cañas llevan banderas con símbolos religiosos y eclesiales, señales de la evangelización. También muestran símbolos de la naturaleza, como el sol y la luna, que evocan a sus dioses ancestrales, pero sobre todo, le imprimen la devoción, la tenacidad y la perseverancia que ha caracterizado a los “hombres de roca fuerte”, como se han llamado a los indígenas del resguardo y a sus descendientes.
Estos juegos rememoran las fiestas del Santísimo y de Santiago de la Fuente celebradas por los caballeros cofrades en Burgos, España, desde el siglo XIII, "quizás desde antes"(Yarza Luaces, 1985, pp. 12-22) y las fiestas de la Real Maestranza de Sevilla (1630) y de otros lugares donde las “cuadrillas” en grupos de ocho (…) caballeros, con su adarga en el brazo izquierdo y con el color que les ha tocado en suerte, empiezan corriendo por parejas encontradas, divididos la mitad de una parte y la mitad de otra, forman una partida de diferentes lazos y figuras (…) “haciendo una agradable vista”. Son hombres jóvenes, entre los 18 años con algunas excepciones, vestidos con sedas, adornados con borlas y pendones, sus monturas finamente engalanadas y se lucían en la fiesta de los santos patronos de las cofradías. (Ruiz de Vergara, T. 1. pp. 113-116).

Los Caballeros de Cristo de Chita llegan a la “plaza”; cada cuadrilla entra por una esquina y acto seguido presentan la marcha inicial y el saludo al Señor de los Milagros y a la Virgen de la Candelaria. Lidia Amparo Viracachá Cañas, hija de don Luis de Jesús Viracachá Fuentes †, anterior Caballero Maestro, hizo la relatoría con el Pbro. Manuel González para ilustrar al público en la versión 2023; según ella y el Pbro. Álvaro Hernández Cordero (2014, p. 23), en sus inicios eran 72 juegos, posteriormente 33 y en las últimas presentaciones, después del saludo, vienen 20 juegos y cinco marchas finales. Retomando los tres primeros, en total y con sus nombres, los juegos son:
• Alborada.
• Toma de la Plaza o del campo.
• Saludo al Señor de los Milagros y a la Virgen de la Candelaria.
• La Cruz de mayo.
• Estrella en dos filas.
• Salida de costado.
• Nudillos en dos filas.
• Media luna.
• Estrella en ocho columnas.
• Juego de las cañas.
• Anillo del sol.
• Tejido de trabazón.
• Cañas.
• La culebrilla.
• Corazón de costados.
• Calles de esquinas.
• Sol.
• Los cuatro vientos.
• Nudillo de costados.
• Naranja.
• El caracol.
• Salidas de costados.
• Juego de peine
• Cinco marchas.
Los golpes de estribo, sencillos y dobles, se hacen en el cambio de algunas figuras.

Figura 19. Juegos de los Caballeros en el polideportivo municipal. Fotografía: Universidad de Boyacá. Febrero, 2023.

Atendiendo a los pabellones de la plaza, demostrando un dominio de las actividades ecuestres, al paso, trote o galope, de acuerdo con la figura, y con el sonido de un tambor, que, interpretado por un caballero de a pie, acompaña con su ritmo y marca el cambio de juego, los Caballeros recorren el campo, hacen filas, hileras, cruces, círculos, corren por parejas, se combinan por mitades de cuadrillas, realizan competencias simulando el intercambio de banderas, reparten dulces... hasta completar el número de juegos. Mientras tanto las imágenes del Cristo y de la Virgen de la Candelaria permanecen en el costado norte del campo y el público admira complacido el espectáculo que se prolonga por cerca de tres horas.
Finalizada la presentación, los caballeros dan la vuelta a la plaza y, frente a los Santos patronos, el Caballero Maestro ovaciona con ¡Vivas! a los buenos corazones que sirven al "Señor de los Milagros" y a "Nuestra Señora de la Candelaria", por la unión de los pueblos y por la paz de Colombia. Agradece a las autoridades eclesiásticas, civiles y al público en general, por su presencia, su colaboración y el hecho de que la promesa se ha cumplido. Luego, los Caballeros se encuentran con sus familias, brindan por la satisfacción del deber cumplido y por el orgullo de pertenecer a la Hermandad de los Caballeros de Cristo; comparten con vecinos y amigos, toman fotografías y, al caer la tarde, regresan a sus hogares.
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Esta tradicional y emotiva presentación ecuestre ha sido preparada con un mes de anticipación. El Caballero Maestro dirige los ensayos de los caballeros en una explanada cercana a la capilla de Chipa Centro, enseñando el “plano” o coreografía de las figuras: quince días a pie y quince días a caballo, durante los cuales se les brinda el almuerzo y meriendas de chicha, mogolla y arepa, con donaciones que gustosamente hacen los habitantes de las veredas cercanas y del poblado; los padrinos y madrinas de los caballeros están atentos para colaborarles con algunas necesidades.
Los equinos son escogidos de un color especial: blancos para los Caballeros de blanco; rosillos para la cuadrilla de color rosado; negros para los Caballeros de color azul, y bayos para los de color rojo. Algunos Caballeros son dueños de sus monturas; otros deben alquilarlos y costearles el pasto y demás cuidados. También hay personas que prestan voluntariamente sus caballos para la preparación y presentación de los juegos.
Simbolismo en los juegos de los Caballeros.
Los colores de los vestidos tienen un significado especial:
El azul representa las aguas que bañan el territorio de Chita, de Colombia y del mundo.
El blanco la paz, para que no haya huérfanos ni viudas y se acabe la violencia.
El rojo significa la sangre que derramó Jesucristo al morir en la cruz y la sangre que derramaron los héroes que lucharon por la patria y la defensa de la fe.
El rosado representa la riqueza del municipio en labranzas y flores cultivadas por las mujeres, a quienes representan, por esto los Caballeros llevan aretes, collares y la cara maquillada. (Hernández Cordero, 2016, p. 22)
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Llaman la atención los detalles del vestuario y su significado. "Son 33 las perlas que lleva cada sombrero de los Caballeros de azul, en memoria de los 33 años que vivió Jesucristo" (Emilsen Beltrán, febrero 2023). Todos los sombreros y las astas de los pabellones llevan cintas y flores, pero son especiales las del sombrero del tamborilero. Asimismo, sobresalen por sus tonalidades las cintas de los sombreros de los caballeros que representan el sol, lo cual se debe a que "cuando el sol alumbra refleja los colores de la naturaleza de nuestro resguardo y de nuestro municipio" (Lidia Amparo Viracachá Cañas, febrero 2023).
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El uso de los espejos que adornan sus vestidos, sombreros y monturas se debe a que "el espejo refleja todo el significado de nuestros colores y de todo lo que queremos transmitir", contestó un caballero. El por qué del sol y la luna en sus banderas... "porque fueron nuestros dioses ancestrales", lo confirmó otro caballero. Respecto a las campanitas que llevan los caballos del cuadrillero número uno y el "trascuadrillero" (el número cinco) "sirven como guía para algunas figuras de los juegos" (Hermanos Elías y Emilse Beltrán, 2003). Estos, junto a otros símbolos más, constituyen un lenguaje y una forma de expresión en torno a la admiración por la belleza del paisaje andino que habitan, su historia, la sana convivencia, los sentimientos patrios reflejados en el tricolor nacional, y los símbolos religiosos y eclesiales que expresan la devoción y fe en sus creencias.
Condiciones para ser Caballeros de Cristo.
El caballero maestro coordina toda la fiesta; tiene un libro que guarda con mucho celo porque ahí están los “planos” de los juegos y otros misterios que los rigen. Todos los caballeros maestros que han ocupado este cargo (Ver anexo 1) han cumplido con las obligaciones de la "promesa" en esta festividad, en la Semana Santa (especialmente el Viernes Santo) y en la fiesta del Señor de Monserrate. El tamborilero es el caballero de a pie, imprescindible y fuerte para su trabajo en las procesiones y en los juegos; junto con los 32 caballeros de las cuadrillas, son 34 en total.
Para ser caballero se requiere de condiciones especiales:
-Ser una persona de probada virtud, leal en los mandatos del Señor.
-Haber cumplido con el sacramento del bautismo
-Casado o soltero, y no debe vivir en unión libre.
-No tener hijos en diferentes mujeres ni abandonados.
-En lo posible, no tener deudas con los vecinos de la comunidad.
-Llevar una vida cristianamente recta, cumpliendo con los mandamientos de la ley de Dios y de la Santa Madre Iglesia. (Hernández Cordero, 2014 p. 19).
Es un gran honor ser caballero, y es un cargo que, en muchos casos, se hereda de padre a hijo o entre hermanos. Hay familias que han ostentado durante muchos años este importante y significativo legado. Un ejemplo es el de don Floro Beltrán Chivatá, quien fue caballero por 66 años; actualmente, lo es su hijo José Wilmer Beltrán Silva, y Elías, otro de sus hijos, es asistente en los juegos y en el cargo de caballero. También, en los caballeros de blanco hay dos hermanos. ( Elías y Emilse Beltrán, febrero, 2023).
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Son numerosas las actividades que se realizan en torno a la festividad, como los ensayos de los juegos, elaboración de vestidos, banderas y adornos, el cuidado y arreglo de los caballos, la preparación de las ceremonias religiosas, los retiros espirituales de los caballeros y la gestión de una Junta particular encargada de bajar al Señor de los Milagros de su altar con un protocolo especial. Don José Fuentes Riscanevo es el responsable de la llave secreta para este importante oficio, que tiene algo de misterio, porque, según don José, “en ocasiones el Cristo no se deja bajar” (Información de Luz Aired Pico Enciso, integrante de la junta).
Así, son muchas las tareas y grande el compromiso de las personas involucradas en las diferentes obligaciones que deben cumplirse para llevar a feliz término la ejecución de la promesa de la fiesta al Señor de los Milagros.
Religiosidad y leyendas.
La población de Chita se ha caracterizado por ser creyente, piadosa y cumplidora con los preceptos de la iglesia católica, y como en todas las culturas, los conceptos o ideas se fijan en un imaginario de “actitudes colectivas que se expresan en actos, en gestos o simplemente en sueños, reflejo inconsciente de representaciones arraigadas”. (Vovelle, 1975, p. 87).
Así, la devoción por el Cristo Milagroso, la admiración por la obra de Ciprián Riscanevo y el reconocimiento a los Caballeros de Cristo son hechos que se han mantenido en la mentalidad de las gentes, quienes han creado leyendas transmitidas de generación en generación. Una de estas leyendas dice: “una noche, el cura párroco oyó repicar las campanas y ruidos extraños en la plaza. Al levantarse para constatar lo que estaba sucediendo, se encontró con un importante desfile de caballeros, vestidos con atrayentes ropas y divididos en bandos que ejecutaban una especie de lucha ecuestre entre ellos mismos”. (Enciso Díaz, 1992, p. 62).
Respecto a “Ciprián”, la leyenda cuenta, que “Apareció un día viniendo de la laguna de La Paja por el camino que conduce al resguardo. Era de piel oscura, alto, fornido y vivía sólo. Cuando llegó al resguardo reunió a los indios y les explicó la necesidad de construir la toma, pero éstos no se convencieron, pues vieron que era una obra imposible, pues debía pasar por un despeñadero y recorrer gran trayecto desde el río de la Chorrera, hasta regar todo el resguardo. Él, empezó solo utilizando palos de macana, como barras pues no conocían las herramientas de acero. Cada día que pasaba lo iba anotando en su diario, así como las personas que le colaboraban en su trabajo. (Ibid., p. 64).
La historia continúa con la terminación de la toma y la negación de venderles el agua a quienes no habían colaborado con los trabajos, porque el resultado había sido obra de Dios. Finalmente, Ciprián aceptó darles el agua a cambio de que pagaran cada año "una arroba de cirios y un kilo de incienso para velar y perfumar al Mártir del Calvario durante la Semana Santa". Ibid.
“Dicen que Ciprián Riscanevo impuso esta tarea debido a que siempre que enviaba el agua por la toma, se presentaba un niño moreno, como todos los de la región, y con el pie iba desbordando el canal hasta que el agua se apartaba de él; cuando se acercaban y lo iban a reprender, el niño desaparecía convirtiéndose en polvo. Tan pronto como Ciprián impuso la tarea de velar al Señor, el niño no volvió a impedir el paso del agua. (…) Cuando Ciprián envejeció, siendo un hombre rico con grandes extensiones de tierras en el resguardo y muchas cabezas de ganado, entre reses cabras y ovejas, reunió a todos sus animales, cargó sus caballos con sus tesoros y se encaminó hacia la laguna de Eucas arreando sus riquezas. Nadie volvió a verlo; tampoco a su ganado o a su oro. Dicen que solo apareció junto a la laguna sagrada, un toro blanco orejinegro que él mismo había destinado para la fiesta del Señor de los Milagros.” (Ibid., pp. 64-65)
El relato, contado por la familia descendiente de Ciprián Riscanevo, habla de un niño morenito que estudiaba en la escuela del Pueblo Viejo; lloraba mucho pues el profesor lo castigaba y los compañeros blancos se burlaban de él porque era mulato. El señor cura fue al centro educativo para averiguar la causa de que el niño llorara todos los días y era desaplicado; el menor le manifestó que "lo que pasa es que el profesor y mis compañeros me tienen odio porque soy el único negro y yo no tengo la culpa". También, el sacerdote le hizo un examen y comprobó que el niño era muy inteligente. (Hernández Cordero. 2014, pp. 10-11)
Un día, el párroco lo encontró y le propuso que se fuera con él en un viaje a Roma. El niño aceptó, y después de pedirle permiso a los padres, viajaron a Bogotá. Allí, el sacerdote lo dejó en un hotel, le dio una bolsa con monedas y le recomendó que no saliera mientras él regresaba; sin embargo, el niño salió, gastó las monedas y terminó en la calle. Una familia lo encontró llorando y le preguntaron que si quería irse con ellos para España, sugerencia que él aceptó. En ese país creció, trabajó y conoció a un grupo de caballeros de Cristo y con ellos aprendió sus juegos hasta llegar a ser el mejor. Finalmente, solicitó que le regalaran el "mapa", y se lo dieron sin reproche alguno. (Ibid., pp. 11-12)
Quiso volver a su tierra natal y le ofreció al Señor una promesa si le permitía regresar: "realizar una presentación de los caballeros en su homenaje". Y así fue: volvió a su terruño y enseñó los juegos a sus hermanos indígenas. Al observar que el resguardo necesitaba una acequia de regadío para mejorar las labranzas, técnicas que también había aprendido en España, empezó a construirla desde la quebrada de La Culebreada. En el proceso tuvo muchas dificultades, tales como la muerte de su padre, don Miguel, y numerosos percances debido a lo empinado del terreno; no obstante, finalmente vio correr al agua. En agradecimiento al Señor de los Milagros y a la Virgen de la Candelaria, prometió que cada siete años organizaría la Fiesta de los Caballeros en su honor". (Ibid., pp. 13-14)
Huellas documentales
Acerca del origen de Cipriano (o Ciprián), en el padrón de indios del pueblo de Chita, realizado por el Visitador Campuzano y Lanz y el corregidor del partido, Mariano Vargas Machuca, el 14 de abril de 1777, en la parcialidad de Chipa aparece registrado “Miguel Riscanevo, de 31 años; mujer, Micaela; hijos: Cipriano, de dos años, y Candelaria” (AGN, Visitas Bolívar Tomo 3 f. 461 v.).
También hay una escritura pública (En: Pérez Caro, 2016, pp.11-12), de la cual, en este trabajo se destacan los siguientes apartes: "Yo Cipriano Riscanevo mayor de edad y residente que lo soy de este pueblo de Chita, les dejo a mis hijos (…) Matías y Tomás de Villanueva Riscanevo, para que reconozcan el trabajo que nos costó a yo y a mi padre Miguel Riscanevo y que fuimos a donde el señor corregidor Mariano Vargas y Machuca, a donde mi pastor Fray Ignacio Díaz, que nos concediera la licencia de sacar una toma de agua del pie del pozo azul, del río que viene de la Chorrera y nos dijeron que (…) si nos hallábamos con ánimo que iniciáramos dicho trabajo”.
Inspeccionaron el terreno y empezaron a trabajar el 3 de febrero de 1794, con hombres contratados por ellos y con seis barras de su propiedad. Trabajaron hasta el año 1799, porque Miguel enfermó y luego murió. Cipriano volvió a la labor en 1803 con sus ahorros y unos hombres de “concierto” que tenía asignados y trabajó hasta 1805. En esa época se entristeció por la “maleza de peñas y pedregales” que encontró, y empezó a “convidar a algunos hermanos indios”. Las barras se partieron, por lo que mandó a hacerlas de nuevo “del peso de una arroba” y alquiló otras. Sin embargo, la mayoría de las gentes no creían que la toma pudiera construirse debido al terreno tan quebrado y difícil; de hecho, afirma que ningún vecino (blancos y mestizos) le ayudó, por el contrario, lo acusaban de engañar a la gente.
El 22 de septiembre de 1811 “salió el agua al resguardo” (…) y agrega: “dejo declarado que todos los que tomen el agua de dicha toma (…) darán la cera y el incienso para el alumbrado del Santo Sepulcro, el Viernes Santo en la noche (…) o el valor de la misma, advirtiendo, la entregarán a manos de mis legítimos herederos, para que ellos de su mano la entreguen al mayordomo, la que sobrare del alumbrado será para el sagrario”. “Esta es mi dona que dejo al Señor Sacramentado, de mi trabajo, de haberme dado luz y entendimiento de haber sacado dicha toma de agua. Este es mi documento y herencia que les dejo a mis hijos, nietos, bisnietos, habidos y por haber y última descendencia para que ellos manden como legítimos dueños y herederos". (Firmas de Cipriano Riscanevo y testigos: Evangelista Olivos, Matías Reay y Francisco Tópaga, en Chita, el 20 de enero de 1851).
Según estos documentos, en el tiempo en que iniciaron la construcción de la toma, Miguel tenía 48 años y Cipriano 19. Miguel enfermó a los 53 años y, cuando Cipriano hizo la escritura, tenía 75. Por otra parte, hacia el año de 1782, cuando Cipriano apenas contaba con siete años, tres vecinos declaraban que en Chita había dos molinos: uno en el vecindario, en la estancia de Artajona, y otro en el resguardo. Este último sólo funcionaba seis meses, durante el invierno, por lo que muchas personas se quedaban con el grano sin moler o tenían que ir hasta El Cocuy. (AHT. Leg. 293, fs. 608 r. - 610 v.)Era evidente que escaseaba el agua en el resguardo.
Después de la construcción de la toma, Ciprián aparece como indígena destacado entre las autoridades del resguardo; en 1818 ejercía el cargo de teniente de indios, junto a dos alcaldes y a los cinco capitanes o antiguos caciques (cada uno de una parcialidad) (AGN, Tributos, t. 6, f. 905 r.). Todos ellos estaban bajo la autoridad del funcionario del gobierno español: el corregidor del partido de Chita (o de la provincia) y del cura doctrinero.
La toma de regadío de Ciprián ha beneficiado a Chipa Alto, Chipa Betel, Chipa Centro, veredas en las que se dividió la antigua parcialidad de Chipa, así como las veredas de Vichacuca y Dímiza. Estas tierras comprenden gran parte del antiguo resguardo que, a lo largo del tiempo, han brindado las mejores cosechas de maíz, habas, fríjol y variedad de frutos de toda la región. La administración del agua se mantiene como lo ordenó Ciprián, y su descendencia conserva la devoción por Nuestro Amo y Señor Sacramentado, representado en el Señor de los Milagros.

Figura 31. Toma de regadío, sector del Alto de la Cruz. Fotografía: de Pérez Caro, Alonso. 2016, p. 15.

Figura 32. Toma de regadío por uno de los terrenos más hostiles de rocas. Fotografía de Pérez Caro, Alonso. 2016, p. 15.
Respecto a la fiesta religiosa, el padre Martín Amaya, en su Historia de la Parroquia de Chita, afirma que la imagen del Señor de los Milagros solamente sale de su capilla en solemne procesión cada siete años o “cuando se quiere alcanzar el remedio a una grave calamidad”. La festividad se celebra el domingo de “Quinquagésima”; o sea, cincuenta días antes de Pascua. Cuenta que “atrae numerosos peregrinos y es costumbre que el alférez de la fiesta renueve el ceñidor o refajo de la imagen y costee el estandarte para la procesión, ambos ornamentos de ricas telas y preciosos bordados”. En estas fiestas, “los indios de algunas parcialidades ejecutan “las cuadrillas de caballeros” (…) vagas reminiscencias de las justas y torneos que en otro tiempo les enseñaron los misioneros”(1930, p. 82).
En la investigación sobre el resguardo indígena de Chita en la segunda mitad del siglo XVIII, al estudiar la religión, encontré semejanzas entre la Cofradía de Nuestro Amo y Señor Sacramentado y la fiesta de los Caballeros de Cristo. La cofradía era “una asociación voluntaria de fieles laicos para venerar a un santo patrono, escogido por inspirar mayor devoción y piedad, muchas veces por la comprobación de un milagro” (Sotomayor, 1992, p. 160)
En los libros de la parroquia de Chita se registra la existencia de cofradías desde comienzos del siglo XVII. Por orden real, en todos los pueblos, villas y ciudades del reino español debían funcionar tres cofradías: la del Santísimo Sacramento, la de las Benditas Ánimas del Purgatorio, establecidas por el Concilio de Trento, y la cofradía del santo tutelar del pueblo (AHN. Consejo, leg-7094, f. 9). Para pertenecer a ellas se requerían ciertas condiciones, tales como ser devoto del patrón de la hermandad, corregirse de la "mala vida", dejar los vicios de borracheras y supersticiones, y celebrar con solemnidad las fiestas del santo patrono, entre otras.
La Cofradía de Nuestro Amo y Señor Sacramentado estipulaba, además, en sus constituciones lo siguiente:
- La imagen de Nuestro Amo será sacada cada siete años.
- Los cofrades aportarán, el día de la fiesta, tres reales y una vela.
- La fiesta debe celebrarse con misa, sermón, procesión y vísperas. (Pinzón, 1992, pp. 46, 47)
Atendiendo a los requisitos y normas de sus integrantes, el libro que los rige, la devoción al Señor de los Milagros o El Amo, y por el milagro de haber construido la toma de regadío, planteo que la fiesta de los caballeros de Cristo de Chita sería una muestra de supervivencia de la Cofradía de Nuestro Amo y Señor Sacramentado (Bonilla, 1999, p. 334). En la Colonia era costumbre que en las fiestas de las cofradías y en las de otros santos, después de la misa y los oficios religiosos, se realizaban juegos en los que participaban los indígenas, quienes luego celebraban con chicha y otras viandas.
Agregación del pueblo de la Salina a Chita y el Cristo Milagroso.
Cuándo llegó el Señor de los Milagros al pueblo de Chita ?
En la política de la corona española de conseguir dinero para la Real Hacienda, la Real Cédula del 3 de agosto de 1754 ordenó la extinción de pueblos indígenas que tuvieran menos de 25 tributarios y rematar sus tierras en favor de los blancos y mestizos. (Ots Capdequí, 1952, p. 82).
Correspondió al corregidor José María Campuzano y Lanz, en 1777, hacer la visita a la provincia de Tunja. Por esta época, el resguardo de Chita estaba conformado por las “parcialidades” de: Chichagüí, Dímiza, Vichacuca, Chipa y Malareque. Contaba con 1.384 indígenas y 871 mestizos que vivían en el resguardo. Además, en sus alrededores, había 14 estancias: De los Olivos, Artajona, Mortiñal, Quíchova, Tabacal, De los Hernández, Cuco, La Caldera, Las Higueras, Quindeva, Silverio, Canoas y, Agua Colorada y Tierra Negra. Estas tierras, que inicialmente habían sido entregadas en “merced” a españoles como pago por sus servicios al Rey, con el tiempo fueron fraccionadas y trabajadas por blancos y mestizos. En estas estancias vivían 1.258 personas (Bonilla. 2003, p. 86).
Chita, en su conjunto de resguardo y vecindario, era un Curato de primer orden y La Salina de quinto orden; un territorio muy difícil por lo retirado y trabajoso para el cura por la “aspereza de los caminos”. Aunque los indígenas solo ganaban una “primicia” por la producción de sal (Oviedo, 1930, p. 153), su comercio se realizaba en todo el corregimiento de Chita y pueblos vecinos, se extendía a Pamplona y abastecía también a los pueblos de los Llanos.
El 19 de abril de 1777, Campuzano y Lanz, tras haber "reconocido y visitado personalmente los pueblos de la Salina y este de Chita” y constatar de las listas de indios y matriculas de vecinos que en La Salina había 153 indígenas en total, incluidos 24 tributarios, y moraban también 289 vecinos blancos y mestizos, ordenó “que los indios del pueblo de la Salina se trasladen y pasen a este de Chita (…) con todos sus bienes, imágenes y alhajas pertenecientes a su iglesia (…), poniéndose por inventario con separación y claridad en sus libros para que siempre conste.” Les concedió dos meses de plazo para su traslación, mientras recogían las pocas huertas que tenían sembradas. Los indios pidieron permiso para cocinar sal y que se les rebajara el tributo para ayudarse en los gastos del traslado, pues todavía pesaba sobre sus hombros la dura carga de la encomienda (Visitas Bolívar, fs. 486 v.-489 v.).
Primero se fueron a Chita los indios cabezas de familia; se gastaba un día de camino. El ocho de abril, el corregidor del partido, Joaquín Ascarza, el padre fray Luis Rodríguez y las autoridades indígenas del resguardo de Chita, les dieron posesión de un pedazo de tierra a cada uno en los sitios más templados de este resguardo, nombrados “Chipa y Baracuca”. Sin embargo, el corregidor decidió "urgir" el traslado porque "con el próximo invierno los páramos se hacen intransitables". Así, el seis de mayo se reunieron en la iglesia de La Salina el corregidor, el señor José Feria Espinel (cura doctrinero del pueblo de La Salina) y, como testigos, cuatro vecinos de Chita. Acto seguido, le entregaron al padre Luis Rodríguez, de Chita y a los indios, “todas las cofradías, imágenes, altares y sacristía, con sus correspondientes alhajas y ornamentos" y con el inventario respectivo. Los vecinos de La Salina reclamaron algunas imágenes y alhajas, pero no presentaron recibo alguno de su compra; por esto, solo dejaron un cáliz y ornamentos para la administración de los sacramentos. El 7 de mayo partió de La Salina la comitiva que llevaba las imágenes y alhajas al pueblo de Chita, entre ellas, "El Cristo de la Salina". (Ibid. ff. 508 r.- 510 v.)
Los indios volvieron a los ocho días por sus mujeres, hijos, ancianos y viudas. Salieron desterrados de su pueblo y perdieron los tres pozos de agua salada y sus pocas huertas; con sus escasas pertenencias, ascendieron desde una altura de 1.500 m s.n.m., por caminos agrestes de relieve muy quebrado, hasta el páramo de Eucas, a 3.800 m s.n.m. Tras sufrir las inclemencias del clima, el 17 de mayo llegaron al pueblo de Chita. El corregidor, lista en mano, los entregó al padre José Leal y, el 6 de agosto, envió copia de todo el papeleo al corregidor de Tunja. (Ibid. ff. 510 v.-515 v.)
Poco tiempo después, algunos indios se escaparon y regresaron a La Salina; luego lo hicieron otros, y a los dos años sólo quedaban siete en Chita. En 1793, los vecinos de La Salina seguían reclamando las imágenes y alhajas, y declararon ante el corregidor que los indios “se volvieron todos”, que “muchos de ellos se han muerto” y “los que viven son los que fabrican las losas para el beneficio de la sal” (APCH, Expediente parroquia de la Salina, ff. 1 r.- 6 r.). Las tierras de los indios de La Salina se remataron en mil pesos a favor de los vecinos, y los indios sobrevivientes quedaron sin vivienda, sin el sustento de la sal y sin su “Cristo Milagroso”.
En la mentalidad de los habitantes, el Cristo también se quiso regresar. Don Pedro Salamanca, salinero, cuenta que escuchó de sus antepasados lo siguiente: “Estaba un señor cortando leña en las orillas de la quebrada Honda para llevarla a los hornos y así poder cocinar la sal; llegó a un árbol de gaque y vio colgado al Señor de los Milagros. Decidió llevarlo para Chita, pero no pudo llegar con Él, pues en el trayecto, y mientras descansaba, el Cristo se devolvió al lugar donde lo había hallado. Regresó con otras personas para llevarlo, pero nuevamente se devolvió; solo se quedó hasta que ofrecieron hacerle una capilla. Es el mismo Cristo que hay actualmente en Chita, pues su cabellera es natural. Considere, cuantos años... y Él es muy milagroso. Desde ese tiempo ya no se devolvió. También le ofrecieron hacerle una fiesta cada siete años, la de los caballeros, y eso viene por una tradición de una familia Viracachá: muere el viejo y queda la descendencia que le hacen la fiesta. Son cuarenta jinetes” (Hernández, 2016, p. 38).
Y le hicieron la capilla. Fray José de Torres, en 1782, señaló entre los adelantos de la iglesia por parte de las cofradías: “La Capilla del Señor Crucificado de la Salina a costa de varios devotos como indios, vecinos y forasteros y el trabajo personal de indios y de vecinos” (APCH. Libro 4º de Bautismos, f. 24 v.). Hacia 1830 ampliaron la capilla y, en los años siguientes, la iglesia tuvo que pasar muchas vicisitudes por las guerras y hasta un incendio; fue en 1916, año en que la parroquia de Chita pasó a la prefectura de Arauca, cuando Monseñor Emilio Larquére emprendió la reconstrucción. El Dr. Mardoqueo Vargas reconstruyó la mitad de la iglesia, le subió tres metros de altura y amplió las ventanas; el Dr. Rafael Leguizamón terminó el cuerpo del templo y empezó el frontis, el cual modificó y terminó Monseñor José María Poitier junto con las dos torres. Se continuó con el arreglo de la capilla del Señor de los Milagros (Amaya, 1930, pp. 124-125), y los sucesivos sacerdotes encargados de administrar la parroquia se han esmerado en mantener la iglesia como una de las más hermosas de Boyacá. Todas estas obras se realizaron, a lo largo de la historia, con la ayuda económica y el trabajo de la comunidad.
Los caballeros de Cristo y la fiesta del Señor de los Milagros son una tradición laico-religiosa sostenida en la “larga duración”, donde se manifiestan las costumbres arraigadas y se conjugan rasgos culturales que permanecen inmutables en un tiempo muy prolongado. ( Braudel, 1970, pp. 70-75). En este espacio, la leyenda y la realidad se manifiestan de manera misteriosa y particular para explicar un hecho importante: la construcción de una toma de regadío muy bien pensada por un indígena, la cual llevó agua al resguardo e incidió positivamente en la vida cotidiana y en la mentalidad colectiva de un pueblo.
De esta manera, la devoción y gratitud por el milagro que mejoró sus cosechas, su economía y su convivencia se unen en una hermandad que cumple con una promesa. Esta venera al Señor de los Milagros con los oficios religiosos y con el ofrecimiento de sus juegos, los cuales entretienen también a la comunidad laica. En dichas celebraciones se fusionaron elementos culturales de los caballeros medievales y de la caballería árabe en España, a los que se articularon símbolos de dioses ancestrales indígenas que los frailes doctrineros emplearon para hacer agradable la evangelización, en un sincretismo que articuló las tres culturas y que al final privilegió el dogma y la fe católica.
Y allí, en la iglesia del municipio de Chita, se encuentra la imagen del Señor de los Milagros en su capilla lateral junto al altar mayor, en espera de que cada siete años, o en una fecha especial, los fieles cristianos le celebren su fiesta con vísperas, misa solemne y procesiones. Los Caballeros presentarán sus juegos, las familias los ayudarán, y las autoridades eclesiales y civiles, junto con numerosas personas, estarán prontas a colaborar con todas las actividades. El poblado será el lugar de encuentro de muchos habitantes del municipio, de gentes de la comarca y de otros lugares, quienes llegarán presurosos a honrar al Señor de los Milagros y a la Virgen de la Candelaria, así como a disfrutar de los juegos de los Caballeros de Cristo y de las ferias y fiestas municipales.
PD. Mis agradecimientos a:
Lidia Amparo Viracachá Cañas y a Emilsen y Elías Beltrán Silva, por la valiosa información aportada sobre la fiesta de los Caballeros de Cristo y las fotografías.
A la Universidad de Boyacá, Gobernación de Boyacá, Periódicos El Tiempo y El Siete días, a Alonso Pérez Caro, Página de Facebook de Ciclismo Chitano y a Alex Fernando Galvis Lizarazo, por las fotografías para la ilustración de este trabajo. A Luz Aired Pico Enciso por su importante información.
Al personal de los archivos consultados.
A Beatriz Bonilla Sepúlveda, Magíster en Lingüística, por sus sugerencias en la lectura del texto.
Anexo N° 1.

BIBLIOGRAFÍA
Fuentes Primarias
Archivo Histórico Nacional (España)
Archivo General de la Nación (Colombia)
Visitas Bolívar. Tomo 3
Tributos. Tomo 6
Archivo Regional de Boyacá.
Fondo Archivo Histórico de Tunja.
Archivo Parroquial de Chita.
Expediente de la Salina. Legajo suelto.
Libro 4º de Bautismos de Indios y de Españoles. 1791-1803
Fuentes Impresas.
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Fuentes Secundarias.
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